 El proceso de elaboración de estrategias comienza con la habilidad de las personas para comprender las interrelaciones fundamentales de un determinado contexto, las fuerzas en movimiento y los intereses que están influyendo en el estado de las cosas. Este análisis es necesario para obtener un mapa o modelo causal, con el cual navegar en las turbulentas aguas de la incertidumbre de esta época.
Este paso es crucial, pues si se realiza apropiadamente, habrá mayores probabilidades de que la estrategia resulte efectiva y logre su propósito. Sin embargo, no es nada fácil, puede haber sesgo en la identificación de las fuerzas motrices, puede resultar complicado concebir un modelo -y sus relaciones sistémicas- apegado a la realidad, sea por falta de información que impida detectar los factores incidentes, o por la complejidad del fenómeno a estudiar y la carencia de elementos cognitivos para entenderlo.
El análisis por lo tanto, debe ser profundo y serio, en el sentido de reconocer ampliamente las correlaciones y los factores más importantes del ambiente. Desde luego, siempre existe un límite para ello: el presupuesto, los tiempos para actuar, el cambio de condiciones y de objetivos, etc. En cualquier caso, el análisis debe llegar tan lejos como sea posible.
Una vez definido el modelo inicial, la siguiente etapa consiste en la valoración de los propios intereses: que es lo que queremos lograr, porqué y para qué; qué se nos está exigiendo, qué propósitos y qué alcances tenemos en mente. Si podemos definir con claridad el objetivo hemos comenzado correctamente, porque la valoración implica mucho más que eso: la viabilidad de logro, la posición que tenemos en ese momento y la capacidad para poder incidir en las fuerzas causales a nuestro favor, la visión de cómo esas fuerzas reaccionarán por su propia estructura (o tendencia) ante nuestra intervención, la magnitud de los beneficios, efectos y consecuencias que se generarán a partir de los cursos de acción que emprendamos, y las acciones contingentes en caso de que las cosas no marchen como esperamos.
Este segundo paso es también complicado, requiere pensar en el futuro y tratar de construir escenarios posibles de él. Las bases en las que se fundamentan estos escenarios, necesariamente requieren de una buena dosis de subjetividad, es entonces cuando la experiencia y la intuición cobran gran importancia. De todas formas, conocer el sector en el que uno compite es esencial, entender sus factores y las variaciones que éstos causan para estar en posición de pronosticar o inferir, así como para aprovechar esta información a nuestro favor, es imprescindible. Existen técnicas y métodos para ello; las cuales son complementarias y auxiliares.
Algo muy importante es pensar en la implementación de las estrategias y cursos de acción, y ver que factores inciden en ello, por ejemplo, los costos que implican, el ambiente político, las condiciones económicas, la capacidad de respuesta de los competidores, el avance de la tecnología, la capacidad y el compromiso de las personas involucradas en su implementación, los riesgos, etc.
De lo que se trata, es que logremos la mayor certeza antes de tomar una posición respecto a las acciones que emprenderemos para ir en busca del futuro deseado. Diríamos hay que andar con pies de plomo para formular estrategias efectivas.
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